El cultivo de cereal era tan sumamente complicado que, a finales de los años 80, los agricultores de Overberg sufrían grandes deudas, baja producción y costes crecientes. Era necesario cambiar la estrategia. En estos momentos, Schönfeldt se atrevió a por montar su propia empresa y apostó, como uno de los primeros en esta región, por un trabajo permanente del suelo y una agricultura regenerativa. Es decir, dejó de lado sus aparatos de trabajo del suelo y adquirió, a cambio, tecnología de siembra directa. Dejó los restos de las plantas en los terrenos, en vez de quemarlos, y sembró cada año de nuevo sus parcelas, cambiando de cultivo. Hoy, casi 40 años más tarde, su finca ha crecido a 3.200 hectáreas y trabaja un total de 6.000 hectáreas. En 5.000 hectáreas, Schönfeldt cultiva de forma convencional trigo, cebada y colza. En el resto se encuentran los más diversos cultivos intermedios, los cuales son recolectados como forraje de invierno para el ganado. Entonces sus 1.500 reses se encuentran en una especia de estación alimentaria, mientras que el resto del año pasean libremente por los campos de rastrojos.
Buscando alternativas
Este concepto de explotación lo había visto en el extranjero. Tras finalizar sus estudios superiores agrícolas, Heinrich Georg Schönfeldt trabajó primero en fincas en América, Australia y Nueva Zelanda. "Yo había visto la creciente degradación del suelo en mi país natal y estaba buscando conceptos y soluciones alternativas de labranza para hacer que nuestras tierras áridas se volviesen más fértiles y pudiesen así lograr, de forma estable, mayores producciones de cereal", recuerda el agricultor con ahora 63 años. Los factores delimitantes eran entonces, y lo siguen siendo, la cantidad de lluvia anual de solo 400 mm como media y que cae casi exclusivamente durante los meses de invierno, así como una capa arable poco fértil formada por suelo arcilloso con un 25% de piedras que ya termina en una capa de piedras al alcanzar 30 cm de profundidad. "Por lo tanto se trata principalmente de mantener la capa arable e incrementar su capacidad para retener agua. Para ello, necesitamos humus, fomentándolo mediante prácticas regenerativas", explica. Así es como la región Overberg, con poca producción y grandes riesgos, se ha convertido en una región con una producción de cereal relativamente estable y se ha incrementado en gran medida el cultivo de colza.








